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domingo, 22 de mayo de 2022

DRIVE MY CAR ES MUY GRAN TURISMO


Resulta que hay algo muy propio del arte y estilo japonés en sus vías, diseño urbano, arquitectura y forma de ver las ciudades. Es una conjunción diferente de texturas tan perfectas; algo relacionado con la iluminación, los espacios planos y vacíos y las líneas rectas. Es ese color blanco de las vías y el concreto japonés, con esos cielos con muy pocas nubes, ese color azul tan peculiar, ese tono de la ingeniería, de la rigidez, en el que todo está puesto donde debe, es sutil y simple, elevado y rápido. Limpio, pulcro, minimalista. Ese arte visual japonés, que recuerda los silencios y los espacios urbanos lejos de la gente. Ese arte donde suenan las cigarras de veranos de una serie como Neón Genesis Evangelion, o el tono de la arquitectura que refleja el anime en general, como en las películas de Makoto Shinkai. Pero también se expresa en un videojuego como Gran Turismo y sus pistas en el mismo país, en las autopistas de Tokio. Ese sentimiento de estar volando entre el cielo mientras la vía te lleva rápido a casa. Y si es de noche es el paso limpio entre faro y faro anaranjado, con luces rojas que se intercalan para aumentar la velocidad. 



Pero también lo siento de una forma mas presente en Drive my car, la película japonesa de 2021 dirigida y coescrita por Ryūsuke Yamaguchi. Basada en un relato corto de Haruki Murakami de su colección de cuentos de 2014: Hombres sin mujeres. Ganó todos los premios internacionales y el Oscar a mejor película. Es que tiene algo muy particular que me llamo la atención: expresa esa misma sensación con la fotografía de Hidetoshi Shinomiya, de la arquitectura, urbanismo, pulcritud y concreto de las vías de Japón, para tranquilizar al espectador mientras está en el coche, casi que coprotagonista ambiental de la película y el marco que impulsa la historia. En Drive my car, hay muchas imágenes potentes por su perfección estética de líneas rectas y del ambiente urbano y rural de Japón por medio de la conducción. Además, manejan un Saab 900 turbo de 1987, que brilla exactamente como Kasunori Yamauchi, el director de Gran Turismo, le gustaría que fuera toda su obra y con todos sus vehículos. Yamauchi, le rinde un constante homenaje a los escenarios y a los automóviles, a la conducción, y aquí, para disfrutar Japón y para disfrutar de las escenas y de la idiosincrasia japonesa, se atraviesa mucho de una capa de exposición de arte sobre ese icónico automóvil. 

Es exactamente ese mismo gusto visual, ese mismo sentimiento de manejar por esas autopistas con intercambiadores por el aire, es recrear el sentimiento cuando todo va tranquilo como si nos diera la oportunidad de fumarnos algo, mientras las luces se intercambian en la noche y conducimos por esa obra de ingeniería japonesa como el Tokyo Expressway, Shutoko o Shinjuku. Es como el sentimiento que todo japonés debe experimentar de sus diseños, de su filosofía urbana y de automóviles. Es un deleite que va hacia el mismo lado, entre el amor por el automovilismo y la autopista. 



Todo lo que encajan en esas formas de ver el mundo a la japonesa por parte de Yamauchi, Shinomiya y Yamaguchi compartiendo un mismo marco de referencia y un mismo gusto estético. Veía mucho imaginario hacia eso, veo una especie de homenaje, porque en cada imagen de la película estaba pensando en irme a conducir eternamente por esas pistas y ojalá con ese automóvil. Es una evocación a todos esos artes, técnicas y practicas en una sola cosa: la autopista. Claro, sin competición, sin ruido, con tranquilidad, una de esos sentimientos que el juego te da mientras escuchas Debussy o un podcast. O imagino, mientras que hablas con tu esposa sobre la vida. Eso es algo de lo que Gran Turismo también sabe y que nadie dice. Gracias por leer. 

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