domingo, 23 de abril de 2017

BREATH OF THE WILD: ¿PARA QUÉ PELEAR?

@selinkoso



No me cabe ninguna duda de que Breath of the Wild es una Obra Maestra en toda regla y que romperá moldes en cuestión de desarrollo de otras obras en el mismo género, que merece todos esos aplausos y notas por las virtudes que otros ya han comentado y que yo comentare más adelante. Virtudes, que todavía sigo analizando y que merecen muchísima atención para que pueda hacerlas más claras para los que no lo han jugado o lo están haciendo. Desde mi humilde, subjetiva y relativa opinión de un fan acérrimo de la serie.

Sin embargo, cuando en una entrevista de todo tipo se te pregunta cuáles son tus virtudes y defectos es generalmente más fácil responder cuáles son tus errores. Resulta más fácil ver el vaso medio vacío que lleno. Y si, en este caso me iré también, por la ruta más fácil, es decir, mencionar aquellos pequeños tornillos ancestrales que faltan por apretar en este guardián del videojuego moderno.

Básicamente Breath of the Wild tiene dos problemas gordos, uno nuevo y otro viejo aquel que no han terminado de solucionar en la serie y que me molesta considerablemente y que abordaremos mas adelante en una segunda entrega. 


POSIBLES SPOILERS.

 ¿Para qué pelear?

Existen 3 formas de conseguir las armas: la primera es que por medio de la exploración del territorio se encuentran lugares donde hay armas dejadas en el suelo o en sitios particulares. La segunda está presente dentro de los templos, al acceder a zonas posteriores a un puzzle o como recompensa de una prueba. La tercera y última forma es en el combate, en donde tras acercarnos a un puesto de enemigos podemos robarles sus armas o ganar unas mejores.


El problema radica en que existe una fuerte contradicción de la relación costo-beneficio, porque se deriva en dos circunstancias claves: en los templos se nos dan las armas más fuertes de todas y hay una desbalanceada sobreoferta de armas en todo momento.  Me explico: durante las primeras y no pocas horas de juego, el combate y el reto de esquivar los cortes horizontales, verticales y hacer el parry son tareas gustosas por ejercer. Sin embargo, una vez se hayan repetido hasta el cansancio, los combates empiezan a perder todas las razones y al final resulta molesto el ir por una pradera contemplándola con melancólica belleza, y toparse con tantos esqueletos de cualquier enemigo en la noche, o en la mañana con un grupo de mokublins que quiera pelear, ademas teniendo la alforja llena de armas.

¿Para qué combato aquí si la zona se volverá a llenar de enemigos que pondrán en peligro a los habitantes de Hyrule? ¿Para que combato estos enemigos si ya he dominado el combate? ¿Por qué acribillo este centauro si puedo encontrar armas parecidas en un templo, y luego si vuelvo en dos noches estará amenazando con su presencia? ¿Por qué tendría que coger esta mano doble tras vencer este enemigo si puedo ir por ahí y encontrarme otra?  Antes de iniciar cualquier combate encuentro mejores razones para no perder el tiempo.



Si tengo la posibilidad de caminar por el lado oculto de enemigos, lo hago con más gusto que acercarme a pelear con seres que se regeneran para la eternidad. Nintendo debió habernos dejado limpiar las zonas de todo el territorio, eliminando los enemigos, incluyendo a los guardianes, para fomentar una verdadera razón del combate, una verdadera razón del sistema de ruptura de armas (que de por si no resulta molesto, por el contrario, adhiere una capa de complejidad a todo el sistema) y una verdadera razón para seguir consiguiendo muchas armas y de todo tipo.

Lamentablemente siempre hay alternativas para conseguir armas que dejan al combate en última posición, por cansancio, repetición, por tener el inventario lleno o por falta de importancia. Inclusive, me parecería más conveniente que el premio del combate sea abrir un tesoro y encontrar un arma que no encontraré en ningún otro sitio, o un arma que por lo menos sé, que no encontraré tan fácil como las encuentro en los templos. Si, al menos una solución hubiera sido no encontrar armas en los templos. 

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