lunes, 13 de marzo de 2017

HYPER LIGHT DRIFTER: POESÍA

@selinkoso


No pude dejar de estar fascinado en cada momento y fase que me encontraba peleando y perdiendo, en cada escenario donde era imposible determinar que ocurría en la historia y en cada segmento donde tenía que alertar todos mis reflejos para encontrar secretos y pequeñas ideas que me ayudaran a entender mi viaje. Viviendo alerta al control, a mis armas, al combate, al desplazamiento, al dash y a la evasión de ataques.

Hyper Light Drifter es un juego que necesariamente se necesita “leer” en voz alta, en el que hay que detenerse en cada una de sus palabras, impresiones y segmentos, para saber por qué están ahí y que pensamientos obtengo de la fusión de estos. Marcar las comas, las pausas, y dejarme llevar por la métrica, la rima y la prosa. La delicia de estar caminando y escuchando todos sus mensajes místicos y míticos. Espirituales. El gusto por entender el conflicto y la dicha de saborear ese universo cerrado, pequeño y enriquecedor en el que seres animales se destrozan por poder, unos con los otros.



Hyper Light Drifter es una leyenda de una comunidad “alienígena”, intensificada por un soundtrack magistral de Disasterpeace, que se te introduce en el alma, que marca el ritmo tecnológico de un historia de melancolía, en la que se llegará al sacrificio máximo por la venganza, los ciclos de vida y muerte y la persecución de los sueños. Un viaje de redención y sacrificios hacia la solución de una enfermedad que va carcomiendo desde adentro como el hecho mismo, de estar vivos. Un poema con un mensaje críptico, en el que hay que percibir la belleza de sus colores haciendo muchas y múltiples lecturas de todos sus apartados. Leyendo entre líneas, leyendo todos sus mensajes ocultos en violencia de precisión quirúrgica y de un control que alcanza con cada uno de sus movimientos una velocidad apabullante.

Un juego difícil, un reto embriagado de magia y un diseño artístico que mezcla con sus silencios y secretos una belleza entre las ruinas tecnológicas, la sangre y el camino por recorrer. Una obra olvidada por el calendario de juegos independientes del año pasado, presente en cada una de las plataformas del mercado para que nadie pueda perderse de este crudo viaje. Desmitificado por el secretismo, por un final lleno de interpretaciones con un subtexto enfocado en la explicación de su mundo y del significado de sus dioses, símbolos y lenguajes y, que afortunadamente, no da nada gratis al jugador y le exige tomarse su tiempo para poder comprender los hechos, los ciclos. Un combate sensacional, rico, contundente y satisfactorio que no dudará en cobrarte con letra escarlata tus errores.



Sé, que estamos en este momento jugando con ideas más claras y tradicionales para narrar este tipo de historias, y pese a que su mensaje raya la más efímera de las ideas, se atreve a re modelar los parámetros del cómo se puede hacer sentir un jugador con la forma en la que se hace la exposición. Cada escenario es sin duda un momento nuevo de extrañeza y fascinación como si estuviéramos asistiendo a un vídeo en vivo de un planeta de otra galaxia, un incentivo constante de preguntas. Una narración que genera sentimientos brutales, dinámicos e intrigantes.

Reconozco también que puede sonar pretencioso el hecho de que haya utilizado la descripción de "obra maestra" tantas veces con tres juegos seguidos en estos últimos meses, (The Last Guardian, Breath of the Wild y este) pero las impresiones sentidas son evocadoras, nuevas y extrañas a cada paso, jefe, puente, enemigo, habilidad y secreto que encontraba del juego. Una pequeña obra escrita en 4 estrofas con un verso final que nunca cierra sus anteriores palabras, que invita a que se repita más de una vez y a que se le valore como merece. Uno de los mejores juegos de 2016, un adicional en mi lista personal de obras maestras y un título que exalta, casi enfrascándose en ello, a explotar el lenguaje único de los videojuegos y de las percepciones con el control en la mano, los silencios, la estética, la importancia del viaje y de los segmentos cuesta arriba, de la épica bien entendida, de la magia en no explicarlo todo y de la simbología. Porque sé, que una película, un libro o una pintura no me harán sentir lo mismo.  Una obra que se convertirá al igual que su historia en atemporal y eterna. Un viaje mas allá del héroe.



Conocí a un viajero de una tierra antigua
que dijo: «dos enormes piernas pétreas, sin su tronco
se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!"
Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas»

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