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viernes, 17 de julio de 2026

MATAR EL FORMATO FISICO ES UN GOLPE PARA LATINOAMERICA


Los videojuegos siempre han sido un elemento de lujo. Aún más en Latinoamérica o en Colombia en específico por las condiciones económicas de la sociedad y la falta de poder adquisitivo.   Aún más para los que entendemos el medio con la perspectiva del tiempo, los que buscamos juegos viejos y andamos indagando de una forma casi como de culto sobre obras pasadas y poco jugadas.

La decisión del formato físico tomada por PlayStation impacta considerablemente sobre los bolsillos de los jugadores, porque siempre había una oportunidad de que alguien en internet te vendiera un juego de hace 5 años usado a menos de la mitad de precio. Siempre había la posibilidad de que te lo prestara un amigo, un primo; siempre había chance de que te lo cambiaran por otro que tú tenías. Era un enlace, un símbolo de la cooperatividad y el gusto por el juego en la comunidad, por más pequeña que sea. Una cooperación para acceder a cultura, que es lo que siempre han sido los videojuegos. Eliminar ese enlace es una ruptura de la comunidad y la conversación y un deseo absurdo y codicioso por ganarse hasta el plástico de los discos con excusas y cifras inventadas. 

Y es una eliminación de la libertad para el consumidor, de carácter económico, creando un monopolio de opciones de software para suscribirse y pasar siempre por sus medios digitales. Casi obligado. 

Además, en un momento donde las memorias, las RAM y el hardware son tan caros (lo que determina que los videojuegos tienen aún más fecha de caducidad). Es decir, ¿cómo haremos para almacenar el próximo Gran Turismo que pesa tanto con sus actualizaciones si la ampliación de memoria es tan cara, por ejemplo? Hay que hacer un gasto aún mayor por mantenerse jugando algo que pasará de moda o estará fuera de tendencia. Es obligarnos a comprar RAM a precios más altos.

A día de hoy no entiendo entonces por qué Nintendo sí seguirá con ese mercado físico con tanta soltura, mientras que ellos alegan pérdidas. Nunca le han aprendido realmente.

Tengo que decirlo: se han cagado sobre los retailers pequeños e importadores que sí ganaban algo, no mucho, sobre la venta de juegos nuevos físicos. Esas personas fueron las encargadas de crear comunidad jugadora en los tiempos en los que no había presencia oficial de estas empresas en nuestro país y en el resto de Latinoamérica. El desconocimiento de esos comerciantes demuestra que las ganancias están por encima de todo y de todos, incluyendo a esas personas que trabajaron indirectamente para ellos durante años. Los retailers (los famosos San Andresitos o locales en centros de tecnología alrededor de Latinoamérica) cambiaban juegos, compraban juegos de segunda mano, ofrecían descuentos por juegos físicos, sacaban algo de dinero por traer 60 God of War Ragnarok de PS5 desde Malasia y así nos ofrecían precios más asequibles que los de las grandes superficies o cadenas de supermercados y tecnologías. 

A los retailers o importadores les podías encargar el remaster de Shadow of the Colossus de PlayStation 3 en 2010 o podías encontrar a precio de ganga un Death Stranding nuevo que nunca vendieron. Los han limitado aún más en su trabajo; ahora vivirán de Nintendo y de los juegos que salgan físicos de aquí hasta 2028. Les tocará adaptarse, comprar figuras o Funko Pops, pensar en qué hacer mientras que Ryan o Koizumi se toman unos cuantos martinis en bermudas hasta que mueran de viejos pensionados. Igual nosotros, miraremos qué haremos para seguir jugando y no perder un riñón en el intento.  

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