Como todas esas terminologías no son en realidad un producto de un análisis serio, sino que son percepciones de gente mayor que piensa que su mundo y su generación fueron mejores que las actuales y que, estas modernas tienen muchos defectos para contrarrestar la vida del capitalismo moderno; tengo que decir una definición del término para que establezcamos un contexto y una introducción mejor a esta cosa que intento explicar.
"La generación de cristal es un término que se refiere a los jóvenes nacidos después del año 2000 y que también se conoce como generación Z. Se usa para describir a esta generación como sensible, creativa, intuitiva y empática, pero también como frágil y menos preparada para enfrentar los obstáculos de la vida adulta". Un término que en teoría no me aplicaría, pero que en ciertos escenarios he escuchado hacia mí, sin ninguna clase de reparo. También he escuchado la frase, hacia los que jugamos mucho, en la que se dice que sufrimos del síndrome de Peter Pan.
El síndrome de Peter Pan, por su parte, se refiere a cierta manifestación de personalidad de algunos adultos que se comportan como niños o adolescentes sin ser capaces de tomar la responsabilidad de sus actos y la vida adulta.
Los que jugamos videojuegos tendemos a muchas cosas, percepciones, estereotipos y clichés. Ya las hemos discutido, pero esta vez es imposible no responderlas desde el corazón, como se debe.
Dos cosas me han impactado para escribir esto, tal vez en esa idea de identificación que uno tiene cuando cree que le están hablando a tu niño interior. Ya que es imposible no sentirse identificado con el canal de videos de My Retro Life y con el documental de Netflix The Remarkable Life of Ibelin. Me explico:
My Retro Life es un canal de YouTube que explora y opina sobre los videojuegos viejos y un poco de los modernos; de un hombre llamado Tyler Esposito. Su eje central son los videos que tiene grabados por su padre, de él mismo, durante un periodo largo hasta el fallecimiento de este, en un periodo desde 1986 hasta el 2007. Evidentemente, explota el material nostálgico, pero además es una cronología de la industria del videojuego y es una narración muy interesante, desde otra perspectiva: mide el impacto de los videojuegos en él mismo, como persona, como hijo, como primo, como fan, pero lo hace desde su contexto, desde aquel momento comparado al ahora. Adicionalmente, muestra una fotografía de cómo se tomaban los juegos de video en las familias y en la rutina familiar. No es un ensayo, ni es una crítica, ni tiene mucho racionamiento o sofisticación; es un íntimo retrato de su niñez y juventud. La razón de todas estas grabaciones es que su padre era un retailer, un importador de videojuegos que quería ver como reaccionaba su hijo ante los productos que le vendía a otros y que le daba el privilegio que yo más deseaba en aquellos años: podía pedir todos los videojuegos que quisiera, consolas y accesorios, pero además podía tenerlos antes que todos. Era el negocio familiar. El impacto de su canal es producir con sus imágenes y la música un recuerdo de cómo se veían esos juegos y esas consolas y cómo estábamos viviendo los videojuegos todos los niños y jóvenes en los noventas y dosmiles; que utiliza con un lenguaje que entra directo en el corazón, una ligera manipulación para que recordemos nuestra vida y cómo nos veían nuestros padres.
Es una versión de un joven de mi generación, una persona que vivió casi lo mismo que yo, pero con muchos beneficios, en un mundo o en un país diferente, con un padre diferente, una versión de mí y de usted lector y jugador de videojuegos empedernido. Sí, tal vez en otro universo, en otra vida; pero no puedo dejar de ver la idea de que fácilmente pude ser yo, y sobre todo, cambiando de cuerpo y de vida, en el caso de Mats Steen.
Mats es el protagonista ausente del documental La vida de Ibelin. Nació con una enfermedad muscular degenerativa que le produjo perder movilidad paulatinamente, habiendo nacido en perfecto estado, hasta que en algún punto quedó encerrado en su propio cuerpo. Las escenas de su vida son realmente conmovedoras, mostrando ese proceso paulatino, desde la perspectiva, al igual que Esposito, de sus padres. Luego como giro de la historia, muestra con un poco de ñoñería y aceptémoslo, con un poco de formas empalagosas, un espacio en World of Warcraft que le permitió relacionarse con otros por fuera de su enfermedad, por fuera de su silla de ruedas, y finalmente, por fuera de su cuerpo. El impacto del relacionamiento del chico, el nunca mencionar su enfermedad para no predisponer a otros, porque en un videojuego así, uno puede guardar tal información y jugar tranquilo sin límites, y posteriormente la muerte de este, en tan corto tiempo, son los elementos clave para impactar al espectador.
En estos dos casos hay una línea común: los videojuegos son mecanismos de escape y de expresión. Es inevitable que Esposito no vea esos videos que grabaron sus padres, que no vea esos videojuegos y esos momentos y no sienta una profunda nostalgia y amor por éste cuando lo grababa. Escuchar su voz, entender la felicidad de las grabaciones, comprender que los videojuegos eran la conexión con su padre y que le permiten recordarlo, para limpiar por ahí, el dolor que le significaba su fallecimiento, es algo que me da a entender que esto, además de arte, de industria y de hobby, es una vía directa a nuestros sentimientos y que pueden ayudar a hacernos mejor el mundo.
Matts por su parte, nació el mismo año que yo, tiene fotos con videojuegos que yo también tuve, vivió en mí misma era, con el mismo impacto del medio y compartió, al igual que muchos como yo, con procesos que otros llamaron debilidades, preguntas existenciales y dolores de adolescente, un muchacho normal en una vida anormal y difícil, que quería ser libre. WoW le permitió relacionarse con otros; tuvo, al igual que yo, una conexión con personas que nunca vio, pero con las que compartió casi todo. Allá en esos chats, en esa virtualidad, fue libre.
¿Cómo no podemos los jugadores, como Esposito, como Matts, como usted y como yo, no utilizar a los videojuegos como vías de escape y conexión para tener un mundo más amigable, amoroso, dulce y suave? Somos una generación permeada e imbuida por el cambio tecnológico, los videojuegos y el internet, y por ende en medio o a través, vivimos y creamos experiencias positivas, alegres, nostálgicas y sensibles, jugando, viviendo el lanzamiento de cada consola y el lanzamiento y juego en comunidad, de cada juego. Se ve en esos videos, en ese documental, en esas fotografías, que somos todos muy parecidos, que creamos rutinas y lazos por medio de algo que nos gustaba, un simple entretenimiento que se convirtió en algo importante, en un momento donde nos sentimos queridos. Algo que nos hizo clic y que nuestros padres escucharon para entendernos, para regalarnos, para hacernos conectar.
Sí somos una generación sensible que siente empatía, que se conectó por medio de las historias y de los mecanismos jugables, que jugó, que entendió de forma lúdica varios sentimientos como la empatía, el dolor, la frustración, el amor, el miedo, y que, por ende, empezamos a cuestionar al que trata mal al otro, a las condiciones estructurales de una sociedad y de un sistema económico capitalista y a la vida laboral, porque en realidad no tiene sentido al ver la muerte de cercanos tan rápido, tan de forma injusta. Si los boomers son una generación criada por la televisión, muchos de nosotros estamos criados por los videojuegos.
¿Cómo no culparnos de tener esa sensibilidad y esos cuestionamientos, cuando veo las imágenes de esos niños que encontraron tanto como yo? ¿Cómo ellos no pueden pensar en tiempos mejores, si Matts tenía su cuerpo funcional, si Esposito sonría con su padre, y el cómo los juegos que tuvieron de sus padres, los ayudaron a aliviar cargas? ¿Cómo no recordar cuando mis padres me regalaron el super Nintendo con tanto esfuerzo, o cuando fuimos todos con mi padre, madre y hermano a los locales llamados San Andresito en Bogotá a comprar un 23 de diciembre de cumpleaños, mi PlayStation 2 y luego mi PlayStation 3, 5 años más tarde? ¿Como no ver a mi madre joven en mis recuerdos, cuando me regalaba todo eso, cuando iba hasta donde pudiera para conseguir una memory card, sin que se me arrugue el corazón? No somos Peter Pan ni estamos hechos de cristal; fuimos sensibles, y sí somos nostálgicos recordando todo eso; todo eso que me hace sentir compasión por la pérdida paternal o la perdida de amigos de otros como yo. Pude entenderlo.
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