martes, 23 de mayo de 2017

BREATH OF THE WILD : LA AVENTURA DIARIA.



Las nubes se acercan susurrando la lluvia con formas espontáneas sobre Link y de repente se va el sol que avanzaba rápido sobre esta tierra. Tanto avanzaba, como para haber visto como se acercaba  la sombra de esa alejada montaña en el horizonte, ahora, sobre sus pies. Algunas veces la lluvia cae durante horas en las planicies y en los pantanos y solo descansa cuando llega el atardecer, adquiriendo esos particulares colores plásticos rojos y naranjas que se combinan con el agua de los pastizales y producen un momento de sorpresiva belleza que te obliga a detenerte. Algunas veces el reflejo del sol se libera de las nubes y las gotas para poder escalar con rapidez ese árbol o roca donde encontraré una pequeña cagaruta de kolog. Alguna que otra vez, la bruma a la distancia me permite ver sitios con sospechosas arquitecturas, me permite ver humos de fogata donde me espera un viajante o una aldea. Alguna vez, veo una pequeña luz naranja a la distancia que me indica un nuevo templo y una nueva caminata. 



Las luces en este Zelda se apagan en su totalidad, y luego se encienden cuando una pequeña antorcha azul o amarilla se refleja, en las estatuas alejadas, o en los enemigos que nos esperan en la más negra de las penumbras. El sol cambia de posición y de color con respecto a la atmósfera y la neblina se cruza con la humedad y los rayos para dar ese color verdoso que inunda las planicies, los barrancos y los arboles de montaña. Muchas veces no puedes diferenciar si te gustan más los amaneceres o los atardeceres, o si prefieres ver como se caen lentamente mientras que cuelgas de un árbol, o como viaja la luna y el sol mientras escalas la punta del volcán. Subido en ese punto encuentras una forma en la geografía a lo lejos que te llena de orgullo por que te sorprendes de haber estado allí, por la importancia del viaje, por lo difícil, por lo diferente del clima en ese momento. 

Hyrule es masivo, Hyrule es una mezcla del éxito de las formas de juego más satisfactorias, embriagadoras y obsesivas. Es un mundo abierto complejo, intrusivo, obligante. Es una aventura y tu trabajo es investigarla y verla y caminarla y escalarla y leerla y preguntarla y quemarla. 



Y solucionarla ya que el equipo de Fujibayashi, a partido de la premisa de mundo abandonado por civilizaciones ancestrales con secretos para ti. Tal como si fuera la vida misma y ante la curiosidad más sana nos dejamos llevar por la posibilidad de visitar, tocar, ver e interactuar, ese mundo. Es, ese permanente sentimiento de estar en la casa abandonada de alguien y en la que podemos romper lo queramos ya que no habrá consecuencias. También es preguntarnos qué ha sucedido aquí y contemplar el paso de los 100 años sobre una baldosa en una paradisíaca estructura destruida que mira al mar en Akkala. Y cuando nuestra investigación y contemplación no se hace más satisfactoria aparece un pequeño ejercicio mental que nos traerá un reto para volvernos más fuertes. Solucionar acertijos que han estado allí por decenios de años y que no habíamos visto, siempre con la impresión de que cada juego de Nintendo es simplemente una nueva adaptación de un parque de atracciones mecánicas, pero en este caso, mezclado con la historia de Zelda, un mundo basto en dimensiones y geografías y el paso del tiempo. Cada 50 metros cuadrados de este mundos es un reto con las herramientas que quieras para solucionar algo que los Sheika y los Kologs nos dejaron ahí, para jugar.


Sin embargo, como con este mundo, hemos sido puestos varias veces en sitios donde el videojuego moderno se nos convierte en un literal trabajo: entregar una pizza, escribir en el computador, ser un recadero, construir una casa, vivir con una familia, hacer quehaceres domésticos. Videojuegos de la obligación, de la rutina y del aburrimiento. Hyrule es un trabajo también, Hyrule se convierte en tu rutina diaria, donde te cansas, donde te abrumes, donde te encuentras con más horas de juego, con más tiempo disponible en tu casa, en el trabajo, en la universidad o en el bus para encontrar que es prácticamente inabarcable. Sin embargo, Hyrule es el mejor trabajo que hayas deseado, el que te satisface profesionalmente, el que te ha hecho mejor persona. Duro, a veces ruin, a veces estresante, a veces agobiante. Y varias veces, feliz.

También este mundo se amplía cada vez más por su alcance, por que de alguna u otra forma te alcanza para vivir una aventura diaria, durante meses. Breath of the wild es una combinación de Bayonetta, de Parrys, de contraataques, de Souls, de bastedades de un mundo de colosos, de sigilo con bandanas y puestos de control, de alimentarse en la Rusia más remota, de historias de sobrevivencia. También es un juego de caminar, es un simulador de la fantasía, de la experiencia por terrenos abandonados, por terrenos donde el viento, las nubes, el frío, el calor, la luna, la bruma, la lluvia, los rayos y el sol son los únicos protagonistas.



Solo caminando entre grutas, valles y pastizales, logré concluir que Link no es diferente a un entrenador Pokemón. Aquel viajero que caminaba por pueblos, voces y canciones no para recolectar monstruos tras vencer monstruos, si no para recolectar templos y ubicaciones, en este caso. Y en esos templos encontrar PORTALes  de otro mundo, juegos mentales puestos por científicos de la gravedad  más exuberante, de la electricidad más realista y de la luz más mágica entre flechazos y golpes, detenciones del tiempo y bloques de agua congelados.

Luego, como si no fueran suficientes los destinos, los personajes, las conversaciones, y las villas en medio de la bastedad, auroras boreales y cascadas, encuentras que no es solo un cazador de templos sino de postales y de aventuras, de fotos de los sitios más altos, de combates ridículos  y de marcas de ancestros en la tierra. Un maestro Pokemón de aventuras, recolectándolas, documentándolas, viviéndolas, recordándolas y destinándolas en mi caso para después de la cena tras haber dejado de lado al trabajo.



Más allá de Link y más allá de los espadazos, o de la historia, mas allá de las pruebas están esos viajes, y están esas decisiones nacidas en el almuerzo de que haré esta noche. Por qué te abruma no dejar de pensar en las lejanas tormentas de polvo que se forman mientras la luna roja sube en lo más alto, por los futuros viajes entre la estepa grisácea y azul de luna de las montañas del norte mientras que bolas de nieve son impulsadas en la pendiente. Esos viajes planeados donde la lava y el calor nos interrumpe en la escalada, pequeños viajes interrumpidos por sueños nocturnos y trabajos matutinos de la vida real.

Tal vez mañana continúe investigando esas estatuas con espadas en el desierto o tal vez viaje a los lagos termales de Hebra o tal vez descanse retornando a Onaona, encontrando finalmente que llevas días sin ver a una persona, sin hablar con alguien, encontrando esa maravillosa sensación de retornar a esa virtual humanidad. “¿Que me cuentas viajero?, no sabes la alegría que me da verte”. Solo el paso de las horas, doscientas, trescientas sirven para encontrar más historias, más postales, más aventuras sin ninguna detención. Masivo e inabarcable. Gracias por leer.



1 comentario:

Chacho" dijo...

Asi me siento con el juego, la libertad de hacer lo que quiero, hay algo raro en esa montaña? voy, hay una piedra extraña al fondo de la imagen? voy, y eso es lo que me ha atrapado desde el dia uno, el hecho de saber que, todo lo que ves, es alcansable (no necesariamente facil), que sensacion mas genial.
Los puntos de acceso rapido son una muy buena ayuda para recorrer el mapa, pero un millon de veces prefiero ir corriendo, o a caballo, o en oso, que mas dá (amo recorrer todo en el bicho brillante de la montaña).
Desde el primer momento, la historia principal estaba ahi, pero por horas lo olvidaba, me dedique a recorrer el mundo mas que avanzar la historia, y cuando tenia cien horas jugadas, recien ahi fui por la cuarta bestia, no fui por ganon hasta la hora ciento cuarenta, no por que pensara que seria dificil, sino por que hay tanto que hacer, tanto que ver, las fotos, las fotos a algunos lugares con la luna roja, cocinar, que horrible fijarse en cada cartel de los establos y ver que son recetas, intentarlo, cocinar un plato nuevo, anotarlo en mi libreta... Este zelda me hizo volver a sacar mi "libreta de juegos" que no veia la luz hace años (lo ultimo que tenia escrito eran los fatalitys de MK armageddon).
Casi no uso el mapa del hud, los caminos y las direcciones son muy faciles, aunque sea un mundo gigante, hay puntos de referencia que ayudan mucho, y luego de horas corriendo por ahi sin mapa, aprendes a ubicarte y todo se vuelve mas libre aun.
Despues de ciento noventa y ocho horas, recien lo suelto para jugar a NieR, y me resultaba muy chocatente, sobre todo al principio, el hecho de los "muros invisibles", nunca me molestaron, de hecho nunca los vi como algo malo, pero ahora me parece una maravilla el hecho de que no existan.
Genial comentario del juego, me alegra que la gente vea esos pequeños detalles que para muchos no son muy importantes.

p.d: solte el juego ahora por que espero el dlc con el gps que mostrará las ultimas doscientas horas de juego, y no quiero perderme nada jajajaj

Saludos.