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jueves, 12 de febrero de 2026

NO DEBERÍAN EXISTIR LOS GAME AWARDS.

 


Es necesario que nos sentemos a cuestionar seriamente la existencia de los Game Awards. Habría que pensarnos por un segundo el limitarlos, direccionarlos o apagar el YouTube e irnos a jugar. 

Creo que nos estamos haciendo un mal promocionando un escenario que no debería existir. 

Los de 2025 se han realizado el pasado 11 de diciembre. El ganador rotundo ha sido Expedition 33, del que, les soy honesto, no quiero ni tocar con un palo. No es mi juego, no es mi estilo gráfico, no es mi narrativa, no son mis mecánicas. Pero es indudable su calidad y sus virtudes. No quiero irme por ahí. 

A lo que me refiero con estas premiaciones es a lo que ha pasado siempre en otros medios, donde un ganador opaca para siempre al resto, donde la mirada o el recuerdo siempre queda guardado en una sola obra, dejando al resto de juegos como si no fueran importantes, como si no fuera posible hablar de estos. 

Los Game Awards brindan una especie de competencia en lo que nunca antes había competido y ponen a competir a cosas que no son comparables entre sí. 

Creo también que las categorías están mal definidas, ya que ponen a competir juegos totalmente diferentes entre sí para darle un premio a un juego de adolescentes en una categoría familiar, por ejemplo, lo que le pasa a los premios que recurrentemente se lleva Nintendo.  

Adicionalmente, la comparación entre juegos incomparables es indescifrable en una evaluación de jueces o prensa. Debe ser un ejercicio dificultoso el que los medios preguntados armen una lista, poniendo uno encima del otro, para decir con una subjetividad enredada que uno es mejor que otro: llegando a poner a un juego free to play con un indie, un beat 'em up o un juego de estrategia, como equiparables cuando quieren y logran cosas diferentes. Es decir, ¿cómo se miden esos diferentes valores jugables o narrativos entre sí, para declararlo como el juego del año?

Hablemos también de la poca importancia de los desarrolladores, del poco tiempo en pantalla, de los nulos segmentos para rendirles homenaje, del precio desbordado de los segmentos comerciales y su interés por mezclar pantalla con los mismos premios. Creando una percepción de lobby y unas inclinaciones bastante extrañas que favorecen el bolsillo no de la industria, sino de Geoff Keighley. Que además nos ha manipulado en el fanboyismo para que tenga rating al empezar el evento. 

Son unos premios y unos reconocimientos que pasan por caja de alguna forma y que celebran el marketing y a él mismo, más que a los propios creadores. 

Pero creo, además, que la competencia entre sí demerita trabajos, juegos aceptables o sobresalientes, negándoles visibilidad ante los excelentes y hasta los valores propios positivos que tengan, por más mínimos que sean. 


Finalmente, hay sinsabores: que no se haya dado algún reconocimiento a Kojima, cuando lo ha buscado de forma tan insistente con Death Stranding 2, o que, por su parte, un juego como Hollow Knight, esperado por tantas personas, durante muchos años, y con tanto éxito comercial y crítico, haya perdido premios por una obra que lo sobrepasa por cientos en presupuesto o recursos, lo que resulta desilusionante o extraño. En vez de una celebración, estos premios son una oportunidad de insulto entre fanboys en esa competencia estúpida inventada por las redes, más una sensación de derrota. Los derrotados siempre sienten que se van de la vitrina hacia el olvido porque vienen los nuevos juegos anunciados salidos calientes de la puerta del horno. 

Al finalizar estos premios, siempre resulta el sentimiento de que hay un juego adelante y muy atrás se queda el resto. Y esto ha pasado desde su invención. Ademas de los que salen en diciembre se quedan por fuera del calendario de esta vitrina, y los que salen en enero pierden mucha fuerza hasta la entrega 11 meses despues. En realidad, parece que los nominados no tienen meritos, tienen marketing, ruido, recordación y nombre. 

Es preferible que la competencia se resumiera en hacer una lista de 5 o de 10 juegos que resuman el año, que se les rinda homenaje a sus desarrolladores, que nos cuenten el detrás de cámaras y que le quitemos encima la idea competitiva y deportiva a algo que consideramos una expresión artística. Podría ser "Estos son los 10 mejores juegos del año que no debes perder de vista". 

No ha dejado de ser extraña cada ceremonia: larga, publicitaria, saturante de juegos y demostrativa del estado, el lobby y el exceso de dinero en la industria; tanto dinero, que se nota que no se sabe muy bien qué hacer con este. Además, sin demostrar un apoyo coherente a los estudios que prácticamente andan en la quiebra y en despidos. Gracias por leer. 

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